Portada del libro del Padre Buenaventura de Carrocera, Madrid 1.949, del que hemos recogido la biografía de Fray Antonio de Fuentelapeña.
(Foto: Fondos de J.Carlos Polo 2.002)

FRAY ANTONIO DE FUENTELAPEÑA

Contemporáneo del P. Murcia y más ilustre que él por su sangre y por sus títulos, fue el P. Antonio de Fuentelapeña. En este pueblo de la Provincia de Zamora existió la casa solariega de los Arias y Porres, de ilustre abolengo, ostentando en su entrada el escudo de armas. Allí nació el P. Fuentelapeña en marzo de 1628 (24). Hermanos suyos fueron el P. José Arias y Porres, Clérigo Menor; D. Gómez Arias y Porres, Regidor perpetuo de Medina del Campo y Alcalde de su fortaleza, y D. Manuel Arias y Porres, caballero del hábito de San Juan de Malta. Comendador de las Encomiendas de Yébenes y del Viso, Vice-Canciller de su Religión, Gobernador del Consejo de Castilla y luego Arzobispo de Sevilla y Cardenal (25).

 

No sabemos los estudios que realizó antes de entrar en la Orden, cuyo hábito recibió en Salamanca el 23 de diciembre de 1.643, ordenándose de sacerdote en 1.651 (26). Desempeñó el cargo de Secretario provincial desde 1659 a 1670, el de Custodio general de 1670 a 1.672, en que es elegido Ministro Provincial, siguiendo en ese puesto hasta mayo de 1.675 (27). Dos años más tarde es designado por el P. General, a propuesta del rey de España, Visitador y Comisario de las Provincias capuchinas de la isla de Sicilia, a donde llega en mayo de 1.677 y allí permanece hasta la celebración del Capítulo general en 1.678 (28).

 

Respecto de su comportamiento allí hay abundante documentación en el Archivo de Simancas. En uno de los informes se dice que fue a Sicilia de Visitador por haber divisiones entre los religiosos de aquellas Provincias a causa del desacuerdo existente entre el Juez de la Monarquía y el P. General, Esteban de Cesena: que lo compuso todo y que luego celebró con gran paz los Capítulos respectivos que con su hermano D. Manuel Arias había hecho para que los Caballeros de Malta se pusiesen al servicio del rey de España, y que había descubierto una conjuración de mesineses y franceses en Zaragoza (Sicilia) en contra de las armas españolas. Todo ello lo reconocen el Virrey de Sicilia el Juez de la Monarquía, el Cardenal Portocarrero (29), como asimismo lo reconoció también la Junta que se formó para juzgar su proceder y el de los PP. Martín de Torrecilla y Juan Francisco de Milán, diciendo ser "sujeto de calidad conocida, tener un hermano en Malta, en una de las primeras dignidades de la Religión y muy atendido de ella por sus prendas" (30).

 

Sin embargo de esos buenos servicios, al celebrarse el mencionado Capítulo general y asistir a él, fue luego acusado de haber ido en contra de las disposiciones del embajador español en Roma, por no haber querido elegir en Definidor general al P. Francisco de Jerez, y de que se había unido con los franceses y que incluso éstos habían recibido órdenes de elegir al P. Fuentelapeña, si bien éste se retiró antes de las elecciones (31).

Copia del Acta de Bautismo de Fray Antonio de Fuentelapeña, (con el nombre de Rafael Elías) que se custodia en el Archivo Histórico Diocesano de Zamora. (Libro IIº de Bautizados, folio 79).
(Foto: Fondos de J.Carlos Polo 2.002)

Vista posterior de la monumental Iglesia Parroquial de Santa María de los Caballeros de Fuentelapeña, donde fue Bautizado Fray Antonio. Es el mayor Templo religioso de la Provincia de Zamora, después de la Catedral de la Capital y está levantada en el mismo promontorio que la primigenia Iglesia del siglo XII, La fábrica data de 1.569.
(Fotografía de Javier Polo. 2001)

Sea de ello lo que fuere, apenas puso el pie en España, de vuelta de dicho Capítulo, tuvo que salir desterrado a Portugal, donde ya estaban los PP. Torrecilla y Milán. Mas antes "dejó un memorial Impreso en que refiere a V. M. sus operaciones y pide justicia en su trabajo" (32). El P. Fuentelapeña se hallaba ya en Yelves de Portugal el 7 de noviembre de 1678 (33), donde seguía aún en los primeros meses del año siguiente en que el P. Provincial de Castilla, Félix de Bustillo, intercede por él, diciendo tiene ya sesenta años, que padecía de gota, que vivía de limosna en un hospital y que no había motivo para tenerle desterrado añadiendo era sobrino de D. Fernando Villalobos, "Embajador de Malta y deudo de otros muchos que actualmente se hallan en el Real Servicio de V. M." (34). Sin embargo de todo, allí siguió hasta que el Consejo de Estado le permite (25 de febrero de 1681) regresar a España (35).

Desde entonces pasa su vida llena de achaques, tanto que en 1.690, al celebrarse Capítulo provincial y salir elegido Provincial por segunda vez. renuncia precisamente por eso, quedando de primer Definidor (36). Retirado de cargos, dedicado a escribir libros, entregado a la vida de oración y de piedad, al confesionario y a la dirección de las almas, pasa el resto de su vida hasta 1702, año en que creemos haya fallecido.


Vamos a ocuparnos ahora de sus escritos, de sus libros impresos. Y en primer lugar, del que más le ha hecho célebre, aunque no sea el de más mérito, a saber: El Ente dilucidado. Discurso único novísimo en que muestra hay en la naturaleza animales irracionales invisibles y cuáles sean (37).


Sobre ese libro se han emitido las más raras y contradictorias opiniones. Mientras unos no ven sino un tejido de extravagancias, para otros no sólo tiene mérito, sino mérito extraordinario, ya se le mire como recopilación de vulgares creencias de su tiempo, ya se le considere como refutación de lo que en aquel entonces se pensaba sobre les duendes, es decir, que eran demonios o seres espirituales, etc.

En mi opinión el libro del P. Fuentelapeña puede muy bien tomarse como recopilación de muchas vulgares creencias, consideradas verídicas en su tiempo a las que él no solamente no daba fe, sino que quiso ponerlas en su libro para más ridiculizarlas, como fue, entre otras, la cuestión de los duendes: Pero, aparte de eso, se tratan también en el mencionado libro otras muchas cuestiones filosóficas, sobre ciencias naturales, etc. diciendo cosas verdaderamente peregrinas.

Juan de Valera era tan entusiasta del P. Fuentelapeña, que llegó a escribir estas ponderativas palabras: "Yo diré que el P. Fuentelapeña lo adivinaba todo de tenazón, como se dice vulgarmente. Como no hubo jamás ingenio más invencionero ni atrevido, ni memoria más rica de erudición, ni desenvoltura científica más grande, que los de este ameno, delicioso y candoroso ex-provincial de capuchinos; no es extraño que lo adivinase todo... Interesante sería y aun daría asunto de sobra para un tomo, el comparar la ciencia novísima con lo de este ex-provincial de capuchinos, y el probar lo mucho que la ciencia novísima le debe" (38). Y, llevado de ese mismo entusiasmo, llegaba a proponer se publicase en la Biblioteca de AA. Españoles de Ribadeneyra un segundo tomo de Filósofos españoles, donde El Ente dilucidado tuviese cabida (39), y así se lo escribía también a Menéndez y Pelayo en una de sus cartas (40).

   

Portada de la edición del libro "El ente Dilucidado…" en 1.676. Fuente:http://www.cd.sc.ehu.es/BibVirt/fuente.pdf

Dedicatoria de la edición del libro "El ente Dilucidado…" en 1.676. Fuente:http://www.cd.sc.ehu.es/BibVirt/fuente.pdf

Una referencia actual a Fray Antonio de Fuentelapeña.
El Temps 7/11/1.994
(Foto: Fondos de J.Carlos Polo 2.002)


Pero omitiendo otras muchas cosas, sólo haremos resaltar las dos siguientes. En primer lugar, su teoría de la atracción universal, sobre la cual llega a decir D. Adolfo de Castro que el P. Fuentelapeña, que publicó su libro en 1.676, diez años justamente antes que Newton sus Philosophíae naturalis principia mathcmatica, establece los mismos principios que el sabio inglés, aunque con términos más vulgares (41). Lo mismo pudiéramos afirmar de su teoría sobre aviación: no le falta pormenor alguno para describirnos el avión tal como hoy en día se le conoce, advirtiendo también de paso y por añadidura, que ha sido el primero que imprimió algo sobre el arte de volar (42). Otro tanto pudiéramos decir de la teoría y principios de la radiotelefonía (43).

No obstante, preciso es confesar que en dicha obra no debe buscarse mucha literatura. En cambio, en la que publicó nueve años más tarde: Retrato divino en que para enamorar las almas se pintan las divinas perfecciones con alusión a las facciones humanas (44), encontramos en primer lugar no poca teología y teología mística, no pocas enseñanzas prácticas, muy elevados conceptos que realmente sirven a maravilla para enamorar las almas v encenderlas en el amor divino. Pero, además, dicha obra es modelo acabado de literatura, hasta el punto de que el P. Mir llega a ponerla por dechado de descripciones, que, a decir verdad, son maravillosas, y también de estilo clásico, llamando a su autor "escritor atildado del siglo XVII" (45). Nosotros no dudaríamos en considerarle quizás el mejor, literariamente considerado, de nuestros escritores capuchinos españoles, al menos en prosa.

Quiso completar dicha obra con otra también ascético-mística, pero de menos mérito literario, que tituló Escuela de la verdad (46), en la que como ya dijimos en otra parte, enseña el justo medio en la dirección de las almas. Lástima es que su autor, que al componer este libro contaba ya sesenta años de Religión, no pudiera ver logrados sus deseos de darnos un tratado completo de vida espiritual, como en el prólogo había prometido. Sin embargo, esa sola parte fue muy alabada de los escritores franceses contemporáneos, precisamente por su recto criterio en saber enseñar el camino medio entre otras directrices extremas defendidas por no pocos escritores ascético-místicos (47)

Además de lo dicho, el P. Fuentelapeña fue el gran entusiasta y propagador de la devoción al Eterno Padre. No se contentó con levantar en la iglesia de San Antonio del Prado una capilla, colocar en ella la imagen del Eterno Padre y asimismo importantes reliquias, y adornarla con exquisito cuidado (48), sino que fundó además una Congregación en su honor v le dio constituciones propias, siendo una y otras aprobadas por el Cardenal Portocarrero el 25 de agosto de 1.693; a ella pertenecían los reyes y familia real, el Nuncio y muy distinguidas personalidades (49). Hizo también se erigiesen Congregaciones similares en otras partes y asimismo que la iglesia del convento de Tarancón fuese dedicada a la primera Persona de la Sma. Trinidad.

Animado con esos éxitos, compuso el oficio y la misa en honor del Eterno Padre (50) y se valió de la influencia de Carlos II y de la recomendación de treinta Obispos para conseguir su aprobación en Roma (51). Pero a causa de las dificultades puestas por el Promotor de la Fe en 1.696, prácticamente no se lograron esos deseos (52).

   
  RELACIÓN DE CITAS A PIE DE PÁGINA

(23) ANGCIANO, Paraíso en el desierto, p. 238.

(24) Archivo Parroquial de Santa María de los Caballeros de la villa de Fuentelapeña. "Libro segundo .de Bautizados", f. 79.

(25) El P. Francisco Arias, que en febrero de 1725 obtuvo la gracia de Predicador de S. M. (Simancas.-Gracia y Justicia. Leg. 926 (mod. 375), aprobó la obra Retrato divino, y los otros tres hermanos le dedicaron sus versos al imprimir El Ente dilucidado.

(26) Ctr. nuestro Necrología, p. 295.

(27) Ibíd., y ED, pp. 51 ss.

(28) Cfr. ROBLADURA, Los Frailes Menores Capuchinos en Castilla, o. c., p. 66. 29) Cfr. para todo esto la abundante documentación existente en el Archivo de Simancas, Estado, Leg. 3.129, pues todo el mencionado legajo y el 3.128 versan sobre asuntos de Capuchinos de diversos años.

(30) Ibíd

(31) Ibid.

(32) Asi lo afirma el P. Fuentelapeña en otro memorial presentado en 1681.Ibíd.

(33) Carta suya de esa fecha y lugar. Ibíd.

(34) Ibíd.

(35) Simancas.-Estado. Leg. 3.064.

(36) ED, p. 101.

(37) De él hay dos ediciones hechas ambas en Madrid, 1676 y 1677; una y otra son raras y estimables para los bibliófilos. Contra este libro del P. Fuentelapeña salió este otro: "Responde Don Andrés Davila Heredia, Señor de la Carena, Capitán de Cavallo, Ingeniero Militar, Professor de las Mathematicas. Al libro Del Ente Dilucidado, Discurso único... Impresso en Valencia, en la Oficina de Villagrassa, año de 1678."
A la verdad, examinado detenidamente este libro, queda su autor bastante malparado por las razones tan poco convincentes que aduce; casi con su lectura resalta más el mérito y la razón a favor del P. Fuentelapeña.

(38) J. DE VALERA, Obras.-VII. Disertaciones y juicios críticos, Madrid, 1890, pp. 322 ss. Habla a propósito de la publicación del tomo 65 de la Biblioteca de AA. EE. de Ribadeneyra, Obras escogidas de Filósofos, Madrid, 1873, y comentando el discurso preliminar del F.xcmo. e Ilimo. Sr. D. Adolfo de Castro.

(39) Ibid, p. 330.

(40) Epistolario de Valera y Menéndez Pelayo, publicado con una introducción y notas, por MIGUEL ARTIGAS FERRANDO Y PEDRO SAINZ RODRÍGUEZ, Madrid, 1930, P. 43.

   
  (41) Cfr. el citado discurso preliminar de D. Adolfo de Castro, pp. C-CI, y P. PUENTELAPEÑA, El Ente dilucidado, Madrid, 1677, 2.a ed:, p. 3611

(42) Cfr. VICENTE CASTAÑEDA, El primer libro impreso sobre aviación, en español, en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 33 (1915), pp. 350-60.
Aquí prueba cómo efectivamente el primer libro que se imprimió sobre aviación fue español y no otro que el del P. Fuentelapeña, El Ente dilucidado Cfr. pp. 426 y ss. de este libro.

(43) Cfr. FUENTELAPEÑA, c. c., p. 322.

(44) Tuvo también dos ediciones, Madrid, 1685 y 1686; añadió en la segunda un resumen de Teología mística.

(.45) J. MIR Y NOGUERA, Frases de los Autores clásicos españoles, Madrid, 1889,Pp. 561 y 802.

(46) El título .completo es como sigue: Escuela de la verdad, en que se enseña a Lucinda y debaxo de su nombre, a todas las Almas, que tocadas de la luz Divina aspiran a la perfección. Los medios verdaderos que han de escoger, y los engaños que han de dexar, para llegarla felizmente a conseguir. Tratado primero de la Oració mental..., Madrid 1701.

(47) Cfr. Memoires pour 1'histoire des sciencies et de baux arts.. citado por ADOLFO DE CASTRO, discurso también citado, p. CI, nota.

(48) TORRECILLA, Propugnaculum orthodoxae fidei, Matriti, 1698, p. 97.

(49) Ibid, p. 459.

(50) Una copia hecha con letra hermosísima, imitando imprenta, se halla en la Librería del Cabildo de Toledo (Ms. 37-II, 3°) y ostenta el siguiente título: Sanctissimo, ac Beatissimo Patri Christi Vices Gerenti Inswcentio XI. Totius Cathcíicae EccIeSias Pontifici Óptimo Máximo. Frater Antonius a Fonte la Pegna Humillimus Filius ínter Minores Fratres Capucemos. P. E. P. Son 24 hojas orladas,tinta a dos colores. La dedicatoria al Papa es del P. Fuentelapeña y en ella confiesa hacia veinte años que internamente se había sentido inspirado para sacar el oficio y misa en honor del Eterno Padre, y da seguidamente las razones teológicas por las que se debe dar culto a la Primera Persona de la Sma. Trinidad.
Tiene a continuación el oficio completo, con hermosos himnos, obra del capuchino P. Miguel de Lima, y por fin la Misa.

(51) TORRECILLA, Propugnaculum, o. c., p. 460.

(52) Ibid, pp. 454 ss.

Portada de la edición de Javier Ruiz, Madrid 1.978, del libro "El ente Dilucidado…",
en la colección "Biblioteca de Visionarios, Heterodoxos y Marginados.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Una referencia moderna al P.Fuentelapeña.

 

http://www.cd.sc.ehu.es/BibVirt/fuente.pdf

Aquí puedes descargarte todo el libro .

 

Copia del Acta de Bautismo de Fray Antonio de Fuentelapeña, (con el nombre de Rafael Elías) que se custodia en el Archivo Histórico Diocesano de Zamora. (Libro IIº de Bautizados, folio 79).
(Foto: Fondos de J.Carlos Polo 2.002) .

Transcripción del Acta de Bautismo

Rafael Elías, hijo de D.Gómez Arias.
<En doce días de marzo de mil y seiscientos y veinte y ocho años
<bauticé yo Antonio de Ayala, cura de esta Iglesia a Rafael Elías
<hijo de Don Gómez Arias y de su muger Doña Catalina de Porres
<Fueron sus padrinos D. Gonzalo de Miesses y Dª Inés de
<Liaño. Fueron testigos Antonio y D.Francisco de
<Miesses y don Juan de miesses y lo firman.
<Antonio de Ayala (Rublicado)

Trabajo y Recopilación de datos hecha a cargo de Juan Carlos Polo 2006